Espacio Alternativo La meditación es ser testigo
Coatzacoalcos, Ver.: Meditación / Agencia
La meditación comienza por separarse de la mente, por ser un testigo

Laura Robles Barajas
Coatzacoalcos, Ver. / 2015-03-22

La meditación comienza por separarse de la mente, por ser un testigo. Ésta es la única manera de separarse de algo. Si estás mirando hacia la luz, naturalmente, una cosa es segura: tú no eres la luz

Eres quien está miran do la luz. Si estás observando las flores, una cosa es segura: tú no eres la flor; eres el observador. La contemplación es la clave de la meditación. Contempla tu mente. No hagas nada: ni repetir un mantra, ni repetir el nombre de Dios. Sólo observa lo que la mente hace. No la perturbes, no la obstaculices, no la re primas; no emprendas nada por tu parte. Limítate a ser un observador. Y el milagro de la contemplación es la meditación. A medida que observes, lenta, lentamente, la mente se vaciará de pensamientos. Pero no te estás quedando dormido; estás cada vez más alerta, más consciente. Cuando la mente se vacía por completo, toda tu energía se transforma en una llama de despertar. Esta llama es el resultado de la meditación. Así que puedes decir que la meditación es otro nombre de la contemplación, del ser testigo, de la observación, sin emitir juicio ni evaluación alguna. Sólo por medio de la contemplación, saldrás de inmediato de la mente... Todo lo que el yogui Maharishi Mahesh y otros como él hacen está bien, pero llaman meditación a algo que no lo es. Allí es donde están guiando a la gente por un camino errado. Si hubieran seguido siendo sinceros y auténticos, y le hubieran dicho a la gente que esto traería salud mental, salud física, una vida más relajada, una existencia más pacífica, hubiera sido correcto. Pero, una vez que comenzaron a llamarla “meditación trascendental”, le habían atribuido a algo muy trivial una grandiosa significación que no le corresponde. La gente ha participado de la meditación trascendental durante años y, en Oriente, durante miles de años. Pero esto no se ha transformado, para la gente, en un mayor autoconocimiento, y no los ha convertido en Buda Gautama. Si deseas entender exactamente qué es la meditación, el Buda Gautama es el primer hombre que arribó a una definición correcta y precisa: es ser testigo.

LA MEDITACIÓN ES UN SALTO
Nunca puedes ir más allá de la mente si sigues utilizándola. Tienes que dar un salto, y la meditación im plica ese salto. Ésta es la razón por la cual la meditación es ilógica, irracional. Y no se la puede tornar lógica; no se la puede reducir a la razón. Tienes que experimentarla. Únicamente si pasas por esta experiencia, adquieres conocimiento. Así que intenta esto: no pienses en ella; intenta, trata de ser testigo de tus propios pensamientos. Siéntate, relajado, cierra los ojos, de ja fluir tus ideas como fluyen las imágenes en una pantalla. Obsérvalas, míralas, hazlas tus objetos. Surge un pensamiento: contémpla lo profundamente. No pienses en él; sólo obsérvalo. Si empiezas a pensar en él, no serás testigo: habrás caído en la trampa. Hay afuera una bocina. Surge una idea: “está pasando un auto”; o ladra un perro, o algo sucede. No pienses en ello; sólo contempla la idea. El pensamiento ha surgido, ha tomado Meditación forma. Aunque sea por un solo instan te, si eres capaz de observar el proceso de pensamiento sin pensar en él, habrás aprendido a ser testigo y habrás
ganado algo al serlo. Es un gusto, un gusto diferente del pensar (to talmente diferente). Pero es necesario experimentar con él. La religión y la ciencia son polos opuestos, pero en algo se parecen y ponen el acento en lo mismo: la ciencia depende de la experimentación, al igual que la religión. Sólo la filosofía es no experimental. La filosofía sólo depende del pensar. Tanto la religión como la ciencia dependen de la experiencia: en el caso de la ciencia, con objetos; en el caso de la religión, con tu subjetividad. La ciencia depende de la experimentación con cosas, no contigo; y la religión depende de la experimentación directa contigo. Es difícil, porque en la ciencia el experimentador está allí, el experimento está allí y el objeto que va a ser experimentado también. Hay tres cosas: el objeto, el sujeto y el experimento. En la religión, tú eres estas tres cosas al mismo tiempo. Debes experimentar contigo mismo. Tú eres el sujeto, el objeto y el laboratorio. No sigas pensando. Comienza por algún lado, empieza a experimentar. Entonces, tendrás una sensación di recta de lo que es pensar y lo que es ser testigo. Y así llegarás a saber que no puedes hacer las dos cosas en forma simultánea, así como no puedes correr y estar sentado al mismo tiempo. Si corres, no puedes estar sentado, entonces no te sientas. Y si estás sentado, no puedes correr. Pero sentarse no es la función de las piernas. Correr es la función de las piernas; no sentar se. En realidad, sentarse es la no función de las piernas. Cuando las piernas están funcionando, no estás sentado. Sentarse es la no función de las piernas; correr es su función. Lo mismo ocurre con la mente: pensar es una función de la mente; ser testigo implica una no función de la mente. Cuando la mente no está funcionando, puedes ser testigo, y entones tienes la conciencia.

LA MEDITACIÓN ES CIENTÍFICA
La meditación es un método puro y científico. En ciencia, se llama observación, observación de los objetos. Cuando miras hacia tu interior, es la misma observación, sólo que haciendo un giro de ciento ochenta grados y dirigiendo la mirada hacia adentro. Ésta es la razón por la cual la llamamos meditación. No es necesario Dios alguno, así como no es necesaria Biblia alguna. No es necesario, como prerrequisito, tener un sistema de creencias. Un ateo puede meditar, así como puede hacerlo cualquier persona, por que la meditación no es sino un método de volverse hacia el interior.

LA MEDITACIÓN ES UN EXPERIMENTO
¿No crees en Dios? Eso no es un impedimento para la meditación. ¿No crees en el alma? Eso no es un impedimento en la meditación. ¿No crees en nada? Eso no es un obstáculo. Puedes meditar, pues la meditación simplemente indica cómo acceder al interior de uno mismo: si hay o no un al ma no tiene importancia, así como no la tiene si existe o no un Dios. Una cosa es segura: que tú existes. Si seguirás existiendo después de la muerte o no, no interesa. Sólo importa una cosa: en este preciso momento, tú existes. ¿Quién eres? Para acceder a ello, está la meditación: para penetrar más hondo en tu propio ser. Tal vez sea sólo algo momentáneo; tal vez no seas eterno; tal vez la muerte ponga fin a todo. No imponemos condición alguna en que estés obligado a creer. Sólo decimos que tienes que probar. Simplemente inténtalo. Un día sucede: los pensamientos no están allí. Y de repente, cuando las ideas desaparecen, tú quedas separado de tu cuerpo, pues los pensamientos constituyen el puente entre ambos. A través de ellos, estás unido al cuerpo. Constituyen el nexo. En forma repentina, el nexo desaparece: tú estás allí, el cuerpo también está allí, y hay un in finito abismo entre ambos. Entonces, sabes que el cuerpo ha de morir, en tanto que tú no puedes morir. Entonces, no se trata de algo como un dogma; no es un credo, es una experiencia que se comprueba por sí misma. Ese día, la muerte desaparece. Ese día, la duda desaparece, porque ya no necesitas estar permanentemente defendiéndote. Nadie puede destruirte: eres indestructible. Entonces, la confianza surge, se desborda. Y tener confianza es estar en éxtasis; tener confianza es estar en Dios; tener con fianza es estar satisfecho. Así que yo no hablo de cultivar la confianza, sino de experimentar la meditación. LA MEDITACIÓN ES SILENCIO
La mente implica palabras; el yo, silencio. La mente no es sino la sumatoria de todas las palabras que has acumulado. El silencio es algo que siempre ha estado contigo, no es una acumulación. Éste es el significado del yo: es tu cualidad intrínseca. Sobre el fondo del silencio, continúas acumulando palabras, y la sumatoria de todas las palabras es lo que se conoce como mente. El silencio es meditación. Es una cuestión de cambiar la percepción de la forma, de desviar la atención de las palabras hacia el silencio, que siempre ha estado allí.

LA MEDITACIÓN ES EL PASO
La meditación es un estado natural, que hemos perdido. Es un paraíso perdido, pero el paraíso puede ser recuperado. Mira a los niños a los ojos... Míralos y verás un gran silencio, una inocencia. Cada niño viene con un estado meditativo, pero debe ser iniciado en los caminos de la sociedad: hay que enseñarle a pensar, a calcular, a razonar, a discutir; hay que enseñarle las palabras, el lenguaje, los conceptos. Y lenta, lentamente, pierde contacto con su propia inocencia. Se contamina, es corrompido por la sociedad. Se transforma en una maquinaria eficiente; deja de ser un hombre. Todo lo que se necesita es recuperar ese espacio una vez más. Alguna vez lo conociste, así que, cuando te acercas a la meditación por primera vez, te sorprendes, pues un gran sentimiento surgirá en ti como si lo hubieras experimentado previamente. Y esa sensación es real: lo has vivido antes, pero lo has olvidado. El diamante se ha perdido en medio de un montón de basura. Pero, si eres capaz de descubrirlo, hallarás nuevamente el diamante: te pertenece. No puede perderse verdaderamente: sólo se puede olvidar. Nacemos como meditadores y después aprendemos los caminos de la mente. Pero nuestra naturaleza real permanece escondida en algún lugar, en las profundidades, como una corriente submarina. Cualquier día, una pequeña excavación, y encontrarás la fuente de la que aún fluye agua fresca. Y encontrarla es uno de los más grandes placeres de la vida. LA MEDITACIÓN ES REMINISCENCIA Dondequiera que estés, recuerda que tú existes. Esta conciencia de tu existencia debe tornarse una continuidad. No tu nombre, tu casta, tu nacionalidad. Ésas son cosas fútiles, absolutamente vanas. Sólo recuerda: “Yo soy.” No hay que olvidar esto. Esto es lo que los hindúes denominan reminiscencia del yo, lo que Buda llamaba autocontemplación, lo que Gurdjieff solía denominar recuerdo del yo, y lo que Krishnamurti llama conciencia. Ésta es la parte más sustancial de la meditación: recordar que “yo soy”. Mientras camines, estés sentado, comiendo o hablando, recuerda el “yo soy”. Nunca lo olvides. Será muy dificultoso y arduo. Al comienzo, los olvidos serán permanentes; sólo habrá momentos sueltos en los cuales te sentirás iluminado, que luego se perderán. Pero no te sientas mal: aun es tos momentos sueltos son mucho. Siempre que puedas volver a recordar, retoma el hilo. Cuando olvides, no te preocupes. Recuerda nuevamente, vuelve a retomar el hilo, y poco a poco las brechas se irán reduciendo, los intervalos comenzarán a perderse, y surgirá una continuidad. Y cuando tu conciencia adquiere continuidad, no necesitas usar la mente. Entonces, no hay planificación; es tu conciencia y no tu mente la que dirige tus actos. Entonces, no hay necesidad de defensa alguna, no hay necesidad de dar explicación alguna. En consecuencia, eres lo que eres: no hay nada que esconder. Aquello que eres, lo eres. No puedes hacer otra cosa. Únicamente puedes hallarte en un estado continuo de reminiscencia. A través de esta reminiscencia, de esta autocontemplación, llega la auténtica religión, la auténtica moralidad.

Comentarios: miespacioalternativo@ gmail.com


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