Espacio Alternativo Tesoros interiores
Coatzacoalcos, Ver.: DESPERTANDO CONCIENCIAS / Internet
La mente de un gran ser está libre de deseos mundanos. No quiere nada. Por eso ha dejado de vivir sólo para sí mismo.

Laura Robles Barajas
Coatzacoalcos, Ver. / 2017-11-18

La mente de un gran ser está libre de deseos mundanos. No quiere nada. Por eso ha dejado de vivir sólo para sí mismo. Su único deseo es que los demás puedan también ser libres, que logren salir del sufrimiento y hallar la alegría. Cuando reconoces a un gran alma y su enseñanza te bendice, celebrar su vida es una experiencia arrebatadora, pues esas almas son tan raras como una planta en el desierto que florece solo una vez cada cien años.

¿Y qué hay de la vida de quienes no han dejado que la gracia de Dios los transforme?

La mente que no ha sido purificada por el toque de Dios, la mente que sigue en la ignorancia es zarandeada como un barco sin timón, perdido en el mar. Cuando la mente no tiene una meta más elevada que obtener, tarde o temprano encuentra la vida tediosa e insípida. Se comporta como un indigente, que vaga de un lugar a otro, juntando suciedad y alimentándose de cosas descompuestas, sin advertir jamás la belleza sencilla y sagrada de la creación. El sabio Vasishta dice:

“Cuando la mente no tiene un propósito fijo y es inestable, sus cambios internos reflejan los altibajos del mundo exterior”.

Muchas personas creen que cumplirán con la finalidad de su vida si consiguen lo que quieren. Si son capaces de satisfacer un deseo o completar un proyecto a tiempo, como estaba planeado su mente se tranquiliza, o eso creen. Mucha gente lleva esta idea al extremo de decir cosas como “Tengo todo lo que quiero ¿para qué necesito a Dios?

¿Quien es Dios? Estoy muy feliz con mi vida ¿Qué más puede hacer Dios por mi?

La gente dice, “tengo que conseguir esto o lo otro… es mi voluntad” pero ¿que quiere decir el sabio con propósito fijo? Indica la necesidad de fijar la mente en un propósito más elevado, en el amor de Dios.
La mente de un gran ser ha ardido en el fuego de la práctica espiritual. Se ha entregado por completo a la voluntad de Dios. Por eso, está libre del egoísmo y del apego por la vida mundana. Es totalmente puro y reposa en el templo del corazón, donde el señor supremo habita en plenitud.

Por amor a la gente de esta tierra, las grandes almas toman formas y viven entre nosotros. Si logras vislumbrar, incluso un poco, cuanto amor tienen por la gente, por los animales, por los pájaros, tu corazón se llena de deleite.

Había una vez un doctor, un hombre muy instruido, con un gran anhelo por la verdad. Durante años había orado, pidiendo conocer a un gran maestro, a un sadguru.
Una tarde al arrodillarse para orar, una voz interior le dijo que se pusiera de pie y saliera rápidamente, o perdería al que estaba buscando. El doctor salió casi corriendo de su casa pero la única persona que había a la vista era un mendigo con andrajos y zapatos gastados. Al acercársele, el doctor vio que el hombre tenía ojos de fuego. Quedó algo confundido y casi con timidez dijo:

Buen día
Nunca he tenido un día malo – contestó el mendigo.
Que Dios te conceda buena fortuna – dijo el doctor.
Y el mendigo contestó:
Nunca he tenido otra cosa.
Entonces, que el cielo te bendiga.
-Estoy muy bendecido – añadió el mendigo.
¿Quién eres pues?
Un rey
¿Un rey de qué?

Mi reino es mi alma, y todo lo que soy, cuerpo o ser, le rinde homenaje, pues ese reino es mayor que cualquiera en la tierra.

El doctor le preguntó:
¿Cómo alcanzaste ese estado de perfección?
Silencié mis cinco sentidos y miré dentro. No podía encontrar descanso sin Dios y por eso él se me reveló. Ahora le pertenezco y él me pertenece. ¿hay algún reino que pueda compararse con el mío?

La alegría profunda y duradera tiene otro nombre: contentamiento. Cuando este contento se asienta en tu corazón comienzas a ver el universo entero desde una perspectiva sublime. Por eso cada vez, cada vez que experimentes así sea una gota de contentamiento, retenla, establécete en ese sentimiento, en esa sensación. Enfoca tu atención entera en ella tanto como sea posible, de modo que pueda hundir sus raíces más hondo en tu conciencia. El contento es la señal y el símbolo de la verdadera felicidad, de la verdadera alegría. No tiene nada que ver con la complacencia. Es muy importante entender esta distinción. Mucha gente entiende mal el contentamiento; lo toman por indolencia, complacencia, una especie de satisfacción perezosa.

El contento genuino no implica inactividad. Lejos de eso, sigues actuando; pero en medio de tu actividad te permites volverte conciente de un estado de bienestar.
En el gran diluvio de gozo, surgen olas que no son sino gozo también, pues gozo es la naturaleza de cada partícula de este cuerpo de gozo.
Ese es mi estado. ¿Cómo describir este estado con palabras?
El deleite interno me absorbe tan plenamente. Que no puedo imaginarme la felicidad en el mundo exterior, con los sentidos.

La sádhana de la paz
La paz es espontánea. La paz es la gracia de la creación, el amor de Dios, los méritos de la acción correcta, incluso en un momento de entendimiento correcto puedes con facilidad producir la paz.

Cuando la niebla que suele distorsionar tu percepción se dispersa y ves tu propio ser con claridad, aunque solo sea por un instante, sientes que la paz más exquisita surge dentro de ti. Por eso podemos decir: si las personas solo miraran hacia adentro, si sólo entendieran lo que es la gracia, de seguro experimentarían que la fatiga de la vida se disuelve. Poco a poco se irán afianzando en un estado interior muy natural, un estado sereno, flexible, abierto a la voluntad de Dios y ebrio del elixir del corazón.

La sádhana del amor
Cuando un ciego oye a los demás hablar sobre la luz, podría decir: “No hay luz. Nunca la he visto. No se nada de ella” sin embargo la luz existe solo que él no ve. De manera similar el amor existe, se experimente o no. Si no has seguido el sendero del amor, si no has intentado encontrarlo, ¿Cómo puede alcanzarse?

“El amor es una visión fugaz de la cueva interior secreta. El amor que vive dentro fluye hacia fuera por los distintos órganos sensoriales. Cuando fluye a los ojos, vuelve bellas las formas; cuando fluye a los oídos, hace que los sonidos sean melodiosos; cuando sube a la lengua, vuelve el sabor dulce y placentero”.
El amor es una palabra clave en todas las lenguas. Pero también es cierto que clamor llega en muchas formas. El amor tiene gran diversidad de matices, colores ramas y ramificaciones. En este mundo, clamor se extiende desde el nacimiento hasta la muerte, como una cadena de montañas.

Algunas están cerca; otras, lejos. Su sola variedad cautiva la imaginación. La mayoría de las personas pasan la vida errando por esas montañas, por esos senderos del amor. Suben y bajan, entran y salen, se elevan y descienden.

Comentarios: miespacioalternativo@gmail.com

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