Vida y Sociedad Ocupación francesa del Istmo Veracruzano
México, DF: Las tropas de ocupación desembarcaron en Minatitlán el 17 de julio de 1863 al mando del jefe contraguerrillero suizo Stoecklin quien es acribillado en inesperado encuentro el 17 de agosto. / Cortesía
Taller de Crónica Narrativa de la Sociedad Historiográfica de Coatzacoalco

Rafael Alcántara-Conde
Coatzacoalcos, Ver. / 2017-10-07

Varios días recorrieron el cauce hacia arriba y abajo, amagando sus cañones a los poblados ribereños, bloqueando y descubriendo el acceso al Uxpanapa; entre tanto, el comandante del primer cantón de Veracruz acude con 300 hombres en auxilio a la villa de Acayucan, mientras que en el sitio de La Barra una guerrilla formada por el celador de la aduana marítima Eulalio Vela había comenzado ya a hostilizar a los europeos invasores recién llegados en barco.

Como el número de las fragatas de acción con bandera francesa era limitado para abarcar el litoral del Golfo de México, tenían que moverse por abastecimiento a todos los puertos, hacer propaganda e intimidación, aparte de no asumir la responsabilidad en la toma de una localidad costera, argumentando ser tarea de la infantería y a ellos la custodia de los mares. Por tanto la ocupación de Minatitlán no fue fija porque varias veces llegaron y con la misma se retiraban.

El propio año a finales de abril llegan de nuevo dos cañoneras francesas y una de ellas cuando menos se esperaba ancla tres o cuatro días en Minatitlán, que si “de momento no desembarcó tropa alguna, se puso en facha para defenderse si era atacada, o batir la plaza si fuera preciso”; lo que hizo se retirara el comandante militar a Cosoleacaque y le diera pronto aviso al coronel Lazcano quien con una sección de infantería y caballería estuviera ahí dos jornadas después.

Al resentirse entre las tropas ocupantes lo eficaz de la guerrilla republicana, el ejército francés organiza sus cuerpos irregulares de contraguerrilla para que le anulen, y estaría dirigido desde febrero por el coronel Charles Dupín, para actuar principalmente comprendiendo en la tierra caliente toda la costa del mar y penetrarse aproximadamente unas veinte leguas en el interior del país, con regiones de un clima abrasador, expuestas al implacable sol e insalubridad.

Es luego como un 17 de julio al atracar la pequeña embarcación incautada Pizarro, desciende en Minatitlán el despiadado experto suizo Charles de Stoecklin que como segundo después de Dupín, comandaba en calidad de responsable a una expedición hecha de voluntarios criollos, mercenarios reclutados y aventureros franceses; quien como era experimentado en conducir la contraguerrilla de las zonas cálidas, traía toda disposición de triunfo para dominar la región.

De esta manera se irían dando las incursiones del invasor para presionar a las poblaciones de la comarca a mostrar adhesión a la proclama de la Junta de Notables del día 10 anterior, para reconocer y obedecer al gobierno “que se establezca en la República” del príncipe austriaco Maximiliano de Habsburgo como emperador de México; simultáneamente suscrita por varios cabildos aledaños el siguiente 12 de agosto en sendas actas de sesión extraordinaria.

Al haberse hecho con crueles actos de saqueo y quema en la cabecera cantonal de Acayucan, captura de vecinos para deportarlos como rehenes hasta La Martinica; e intentar su rescate por el general de brigada Alejandro García Marcín, nuevo jefe de la Línea del Sotavento, durante un inesperado encuentro nocturno en San Francisco Jáltipan y en medio de una neblina densa, se estima que a las primeras horas del 19 de ese mes terminó acribillado el famoso Stoecklin.

Las arbitrarias represalias a la población no se hicieron esperar; aunque, con el desastre tenido durante atroz combate del 18 de octubre, cuando en el arroyo Totoapan próximo al pueblo de Cosoleacaque una sección republicana rechaza el avance francés y los obligaría replegarse a Minatitlán, enfrentamientos en el llano de Tacoteno y la Barra, finalmente para el 22 de marzo de 1864 los invasores tienen que desalojar el puerto y retirarse en definitiva de nuestra región.

La guerra que Francia nos hizo antecede a las batallas imperialistas, que definirían la manera de combatir a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX en adelante. Durante cinco años, los mexicanos con escasas armas, en pequeños grupos y confiando en el auxilio y sostén de los lugareños, atacaron las columnas de tropas invasoras, los convoyes de sus provisiones y a las recuas que hacían el comercio a los principales muelles, sobre todo en el camino de Veracruz.

Con el justiciero epílogo bien conocido de este drama ideológico, escenificado en el Cerro de las Campanas, se puso fin a una pesadilla que padeció el pueblo mexicano por favorecer un sistema republicano de gobierno; misma gesta que este 2017 resulta ser su sesquicentenario y por lo cual tendríamos siempre presente a todos aquellos patriotas, anónimos o de renombre, que se ofrendaron en aras de un porvenir donde respiremos libertad y luzcamos ser dignos.

Comentarios: asohistori@yahoo.com.mx a cargo de R. Alcántara C.

Edición Impresa
Vida y Sociedad 2017-10-24

Ediciones Anteriores

Suscríbete