Vida y Sociedad La Enseñanza Superior en Coatzacoalcos
Coatzacoalcos, Ver.: Oficializada por la Universidad Veracruzana, previa firma de convenio se instala la Escuela de Enfermería al frente de su ala izquierda del otrora hospital civil Valentín Gómez Farías. / Cortesía
Taller de Crónica Narrativa de la Sociedad Historiográfica de Coatzacoalcos

Rafael Alcántara-Conde
Coatzacoalcos, Ver. / 2018-01-06

Entre tanto, aun cuando al comienzo del establecimiento pionero el cuerpo docente no tenía sueldos, con el monto de las colegiaturas medianamente se alcanzaban a cubrir los insumos del plantel; tal situación insostenible por largo tiempo obligó a renacer peticiones en Jalapa, acudiendo hasta con el nuevo gobernador, para lograrse en enero de 1976 se oficializara por la Universidad Veracruzana funcionar como Escuela de Enfermería, sección Coatzacoalcos.

Con ese estatus oficial y mediante un convenio firmado con la autoridad municipal misma, se consigue instalar la Escuela en el frente de su ala izquierda del hospital civil “Valentín Gómez Farías”; para ello conforme a la normatividad universitaria, se designa de directora a la licenciada en enfermería Silvia Anaya Castillo, junto a ella como secretaria académica a la profesora Gladis Mejía Sánchez, dándose así más formalidad al propósito fundacional.

El mismo año, a contar del 2 de febrero, se incorporan a la Unidad Docente las carreras de Contador Público Auditor, así como en Administración de Empresas, al ser primer director el L.D. Juan Armando Gómez Cacep; llevándose un horario vespertino debido sobre todo a estar formado el alumnado con adultos que ya tenían trabajo, e ingresaron para una mejoría económica u ocupaban cargo importante y buscaban titularse para acreditar su preparación.

Cabe decir que en esos tiempos las tareas del estudiantado regularmente se hacían en libreta o cuaderno, de manera manuscrita o con letra ‘de molde’, copiando también de lo escrito en el pizarrón con gis por el catedrático; en algunos exámenes periódicos no era permitido usar la calculadora electrónica de bolsillo ni las tablas trigonométricas, sino al haber aprendido de la enseñanza directa del maestro, o del texto editado en los libros especializados.

Así las cosas y gracias a la porfía de los integrantes del Patronato, al redoblar sus esfuerzos para agenciarse de fondos en todos los frentes, u organizando ‘el kilómetro del peso’ donde desde el más humilde podía colaborar, pues no esperarían a que todo lo llevase el gobierno del Estado; aprovecharon a que el Ing. José Beceiro López, uno de sus adherentes, sostenía amistad con el enésimo Rector para procurar la creación del campus en nuestra ciudad.

Pero para ello fue necesario se consiguiera que una de las empresas establecidas, Industrias Químicas del Istmo, S. A., hiciese donación de un terreno rústico con diez hectáreas situado sobre el kilómetro 7.5 de la carretera antigua hacia Minatitlán; por lo que al hacer la gestión estuvo comisionado el C.P.A. Javier Gómez López e ir seguido hasta Jalapa para correr los trámites suficientes, y realizaría incluso el recorrido de inspección examinando el espacio.

A final de cuentas se llegó a contar con la aprobación plena del Dr. Roberto Bravo Garzón, durante su segunda rectoría (1973-1981), para lo cual contándose con el apoyo del gobierno de la república presidido por el Lic. José López-Portillo y Pacheco dado a través del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, empezaron de inmediato los trabajos destinados a hacerse realidad la cimentación y el levantamiento estructural.

Sin llegar a ubicar aún la fecha precisa, en el año de 1977 es cuando los alumnos, maestros y empleados de la Unidad Docente con su biblioteca, estrenan los cuatro flamantes edificios del nuevo Campus enclavado prácticamente en los confines de la ciudad; adonde acudiera, para hacer la inauguración el gobernador Lic. Rafael Hernández Ochoa, seguido también de autoridades universitarias, educativas y Concejales, gran momento histórico trascendental.

Lo sería, sin duda con merecida satisfacción, para el Patronato encabezado por el C.P. don Pompeyo Figueroa Mortera, el Lic. Pedro Tiburcio Castro y la abogada Olga Rebeca López Nassar como tesorera, don José Alberto Ocampo y Ocampo y tantos otros más, integrantes o no y cuyos nombres están ausentes en la memoria colectiva, aun cuando en su conjunto se les recuerda por la apropiada participación para enfrentar brillantemente una causa social.

El acceder hace cuarenta años al área universitaria semejaría correr la aventura por el único medio de llegar, que era camino de terracería, e inaccesible cuando llovía por convertirse en lodazal impidiendo asistir a clases, aún en los escasos vehículos particulares; pue no llegaba el servicio de transporte urbano a su terminal dentro del campus, sino solo les dejaban por el Club Campestre hasta donde había una especie de pavimento, y el resto fuera llegar a pie.

Ese rumbo tan apartado eran médanos sin mayor construcción, ni tampoco postes eléctricos habían al principio, pues alrededor solo eran terrenos baldíos cercados con alambre de púas, o rancherías vecinas con su ganado vacuno o caballar que cerca pastaban y, cuando se daba el temporal de norte dado que el Campus todavía no se hallaba bardeado los cuadrúpedos se situaban comúnmente a resguardo en los pasillos, menos mal que afuera de los salones.

Según varios lo recuerdan todo el contorno por esa época se encontraba desolado, porque el camino que seguía pasaba hasta frente a la fábrica tan retirada de Guanos y Fertilizantes de México, cuyos trabajadores de guardia abordaban entonces el camión del personal sobre la avenida Zaragoza, justo enfrente del parque central; aun cuando unos años adelante se haría un lienzo, en donde queda el kilómetro 8.8, por la Asociación de Charros “Puerto México”.

(continúa …)
Comentarios: asohistori@yahoo.com.mx a cargo de R. Alcántara C.

Edición Impresa
Vida y Sociedad 2018-10-18

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