Vida y Sociedad ¡Pasó la centella y ¡prendió los ‘toches’!
Coatzacoalcos, Ver.: Antaño los niños podían pescar con una simple lata agujereada en las margenes del río Coatzacoalcos, debido a la abundancia pesquera. / Agencia
A continuación presento algunas vivencias infantiles que me ocurrieron en el entonces prodigioso y popular Barrio de las Escolleras de esta ciudad y puerto de Coatzacoalcos, allá por los años 50s.

Diana Domínguez Galván
Coatzacoalcos, Ver. / 2018-01-13


A continuación presento algunas vivencias infantiles que me ocurrieron en el entonces prodigioso y popular Barrio de las Escolleras de esta ciudad y puerto de Coatzacoalcos, allá por los años 50s.
Una de tantas consistía en ir a pescar camarones, manjúas, jaibas y guabinas de entre las piedras de las escolleras del río, con el fin de jugar a la pesca, debido a que después de atrapar los animalitos con una lata agujereada con carnada de tripa de pollo o alguna cabeza de pescado chica amarrada en su fondo, luego de la captura los depositaba en otra lata más grande, que contenía un poco de agua.

Esta experiencia la efectuaba para ver como nadaban los pececillos y camarones, sobre todo, los camarones que observaba nadan por medio de impulsos; algunas veces después de jugar con ellos los regresaba al transparente e imponente río Coatzacoalcos, de esa época, menos las jaibas (en caso de ser grandes); que en otras ocasiones los llevaba a la casa para ser cocinados por mi abuelita Rosario Loyo Linares.

Actualmente, el agua está tan sucia que ni siquiera en la orilla del río se puede observar el fondo y menos los pececillos, porque como lo han manifestado los pescadores entrevistados, ya no existen debido a la extinción de algunas especies acuáticas al menos en esta región, tal es el caso de las ‘manjúas (sardinas)’, así como algunos tipos de camarones y guabinas.

Lo malo de tal actividad era que en ocasiones, al medio día, me dejaban cuidando el taller de carpintería y no pasaba nada siempre y cuando mi abue Rosario se diera cuenta, entonces me iba a buscar y decía: “¡Vívi, dejaste solo el taller! ¡Ven a la casa porque si no te van a sonar!”, también decía, “Criatura no andes solo aquí en el río porque te puede pasar algo”.

Asimismo, en otras ocasiones cuando escuchaba había ‘calada en la playa’, le decía a mi abuelita, “¡Abue llévame para ayudar a jalar la red!”, lo hacía con el fin de obtener pescado y jaibas frescas, que desechaban o repartían los pescadores a los ayudantes. Así como para ver los tiburones, barracudas, mantarrayas y ‘aguamalas’ (animales marinos esféricos transparentes venenosos conocidos también como medusas), que venían atorados en la red.

En ese tiempo, mi abue ya estaba retirada de la pesca por sus dolores reumáticos, pero como me contaba sus vivencias pasadas en los tableros (galeras) que instalaban los pescadores, en donde ella trabajaba aliñando y salando pescado, haciendo comida para vender, o jalando redes…, pues yo quería tener esas experiencias, y de preferencia una que ella contaba en las noches con cielo despejado: “¡Pasó la ‘centella’ y prendió los ‘toches’ (antorchas de petróleo) de los tableros!”.

Hoy considero, de niño no me daba cuenta del peligro que significaba estar ahí, debido a que la centella es una gran descarga eléctrica (rayo, relámpago) que según narraba era un fenómeno natural frecuente causado por las intensas tormentas eléctricas, así como los fuertes nortes (frentes fríos actuales), además de los ventarrones arenosos, inclemencias naturales, de entonces, que duraban muchos días o varias semanas.
Continuará...

Si usted es persona mayor originaria de este puerto o llegó muy joven, platíquenos sus vivencias.
Entrevistas con: Ing. David Caba Vinagre, Tel. (01-921) 21-2-17-60, Cel. 921-26-84-397, davidcaba@live.com.mx

Edición Impresa
Vida y Sociedad 2018-04-22

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