Espacio Alternativo Amarse
Coatzacoalcos, Ver.: Si me preguntaran si soy completamente feliz, mi respuesta sería, prácticamente siempre, que no. / Agencia
Si me preguntaran si soy completamente feliz, mi respuesta sería, prácticamente siempre, que no.

Laura Robles Barajas
Coatzacoalcos, Ver. / 2015-03-21

Que lo sería si algunas circunstancias mejoraran, cambiaran o se resolvieran favorablemente. Casi siempre faltaría “algo” para sentirme feliz o, al menos, para sentirme plenamente feliz.
La vida muchas veces parece reducirse a tratar de modificar ese conjunto de circunstancias que “están mal”, que serían las que nos impiden ser plenamente felices.
No habría nada de malo en esto si alguna vez realmente pudiéramos resolver esos innumerables problemas y finalmente alcanzáramos el estado de bienestar que tanto anhelamos. Pero pasan los años y esto parece suceder muy pocas veces.
La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada. Soren Kierkegaard Tal vez el único problema real sea haber aceptado esta regla equivocada, haber adoptado la creencia de que la felicidad depende de la solución de ciertos problemas.
Si nos permitiéramos revisar nuestras creencias, que son las reglas con las que “jugamos” cada día a este juego tan particular que es la vida, podríamos definirlas de manera que, pase lo que pase “afuera”, nosotros podamos sentirnos bien internamente.
La vida no es esperar a que pase la tormenta, ni es abrir el paraguas para que todo resbale… Es aprender a bailar bajo la lluvia. ¿Y si estuviéramos participando del “juego de la vida” con mucho empeño y con todo nuestro entusiasmo… pero ajustándonos a unas reglas equivocadas? En cada momento de nuestras vidas, en cada circunstancia, casi sin excepciones, existen los suficientes elementos maravillosos como para colmarnos de dicha, de felicidad plena. Pero en lugar de asombrarnos y de disfrutar de lo que cada instante nos ofrece, damos por hecho esos pequeños milagros, los consideramos ordinarios, naturales y cotidianos, y, en cambio, destacamos y nos concentramos en eso de lo que el momento carece.
La mejor “regla”, entonces, es apreciar en cada circunstancia aquello con lo que la vida nos está agasajando, y disfrutarlo plenamente.
Lo que hoy no tenemos (¡lo que no tenemos todavía!) será tal vez eso con lo que la vida, generosa y abundante siempre, nos sorprenderá en algún otro momento irrepetible… Tratémonos bien Axel Piskulic Todos sabemos reconocer el maltrato cuando lo vemos o cuando lo padecemos.
Pero muchas veces somos nosotros mismos los que no nos tratamos con consideración. Ser tolerantes, comprensivos y pacientes con nosotros mismos a veces parece ser un desafío, sobre todo cuando tenemos metas y expectativas irreales o cuando condicionamos nuestra felicidad a las circunstancias externas o a nuestras relaciones.
La vida te trata tal y como tú te tratas a ti mismo. Louise L.
Hay El pasado sólo existe en nuestra mente y en la forma que elegimos verlo mentalmente. Este es el momento que estamos viviendo. Este es el momento que estamos sintiendo. Este es el momento que estamos experimentando.
Lo que hacemos en este mismo instante es colocar los cimientos para el mañana. De modo que este es el momento de tomar la decisión. Nada podemos hacer mañana, ni tampoco ayer. Sólo podemos hacerlo hoy. Lo que importa es lo que elegimos pensar, creer y decir en este mismo momento. Amarse a uno mismo es, ante todo, aceptación incondicional y completa de todos nuestros aspectos. Louise L.
Hay Tenemos que empezar amando a nuestro cuerpo tal cual es, sin forzarlo a ajustarse a un modelo que nos han impuesto. Amarlo, cuidarlo y respetarlo por dentro y por fuera, incondicionalmente.
Lo siguiente es aceptar y saber expresar adecuadamente todas nuestras emociones, pues cada una de ellas cumple una función positiva, si sabemos cuál es y cómo hacerlo.
De lo contrario, nos deprimimos, sentimos ansiedad o caemos enfermos.
Por eso la expresión adecuada de lo que sentimos es fundamental para llevar una vida sana y plena de vitalidad. También hay que aprender a usar nuestra mente, para que podamos utilizarla a nuestro favor, y no en nuestra contra. La mente es una herramienta magnífica, si sabemos cómo sacarle provecho.
Y también es importante conocernos y amarnos a nivel del alma, para crecer espiritualmente y tener vidas realmente significativas. ¿Por qué sufrimos por amor? Porque buscamos y esperamos que los demás nos den el Amor que en realidad ya llevamos dentro. Esto crea relaciones de dependencia y apego, que inevitablemente nos conducen al sufrimiento.
Pero si uno se ama a sí mismo, podrá compartir Amor, y en ese compartir hay libertad, respeto, y un profundo crecimiento. Entonces si tenemos con quien compartirlo, lo disfrutamos y lo agradecemos.
Pero si no hay nadie, seguimos de todos modos felices con nosotros mismos, pues ya sabemos que el Amor no depende de nadie más, sino que es nuestra condición natural, es nuestro estado de ser. ¿Qué diferencia hay entre amarse a uno mismo y ser egoísta? La persona egoísta no se ama, no se acepta, en realidad se odia y se castiga.
Por eso sólo puede tomar de los demás, pues no tiene Amor para dar. No ama a los demás, pero tampoco se ama a sí misma.
Pero si uno se ama a sí mismo, dar, ayudar, compartir es algo habitual, algo que fluye sin esfuerzo. Uno tiene reservas ilimitadas de Amor, pues está en contacto con la fuente, que yace dentro de uno mismo.
¿Cómo se puede superar el sentimiento de soledad? Primero hay que aceptarla, pues es nuestra condición intrínseca.
Meditar ayuda mucho a hacer las paces con este hecho. Y en esos momentos de soledad podemos desarrollar nuestra creatividad, hacer aquello que nos gusta y nos realiza, dedicarnos a aprender cosas nuevas, y vivirla como una luna de miel con uno mismo.
Tenemos que llenar ese vacío con Amor hacia uno mismo. Entonces uno ya no se siente solo, pues disfruta de la propia compañía.
En mi libro doy una gran variedad de sugerencias y herramientas para que el estar con uno mismo sea una fuente de placer, paz y alegría.
¿El amor es algo que se aprende? Absolutamente. Todos nacemos con la capacidad de amar, pero no nos han enseñado a desarrollarla y vivirla de un modo sano, sino todo lo contrario.
Nos han inculcado una serie de creencias que nos llevan al dolor, a la dependencia y la carencia afectiva, y por ende a relaciones enfermizas.
Por eso es necesario reeducarnos y descubrir nuevas maneras de amarnos y amar a los demás. En realidad es un arte, y como tal hay que aprenderlo y practicarlo a diario. ¿Por qué crees que amarnos a nosotros mismos es tan importante? Por varias razones.
La principal es que el Amor es la mayor fuerza que existe en todo el Universo.
Sin estar en contacto con él, la vida es opaca, carente de significado, de color y brillo.
Sin este Amor hacia nosotros mismos, la vida se puede tornar una pesadilla, pues nos sentimos miserables, carentes, estresados y vacíos.
Desconectados. También es importante pues sólo amándonos a nosotros mismos podemos manifestar relaciones sanas, armoniosas y que nos aporten plenitud y crecimiento.
De lo contrario, crearemos relaciones destructivas. Y en estos momentos de grandes crisis y cambios planetarios que todos atravesamos, la mayor lección, y el mayor reto, es sentir y vibrar Amor, en lugar de miedo. Y para poder hacerlo, debemos encontrar la fuente del Amor dentro de nosotros mismos, para luego, como los rayos del sol, poder irradiarlo en todas las direcciones, a todas las personas, en todas las situaciones que nos presente la vida.
Enriqueta Olivari Amar al crítico que llevamos dentro Hay muchas personas que son excesivamente críticas consigo mismas. Casi nunca están conformes con los resultados de su trabajo, con la calidad de sus relaciones, con su vida en general… Son perfeccionistas. Pero no por tener un honesto compromiso con lo bien hecho, sino como estrategia para protegerse de la autocrítica ante el más mínimo error cometido.
Además, son excesivamente susceptibles a la crítica o a la desaprobación de los demás, en la que ven reflejado su propio y doloroso conflicto interno.
Esa parte autocrítica de la personalidad está respaldada por emociones que parecen justificarla, que la muestran “razonable”: frente al error propio o ajeno, automáticamente surgen el enojo o el disgusto y entonces la opinión desfavorable (es decir, la crítica), parece lógica y natural.
Si una persona con estas características toma consciencia de su situación, si se da cuenta de que su autocrítica sólo le provoca dolor sin ayudarle realmente en ningún aspecto de la vida, tal vez se diga: “Bueno, tendría que dejar de ser tan autocrítico” o “Debería comenzar a tratarme con más consideración”, lo que no es más que nuevamente el mismo mecanismo muy, pero muy sutilmente disfrazado: observar el propio “error” y reclamarse a sí mismo por cometerlo. Pero entonces, ¿qué hacer con este rasgo de la personalidad con el que honestamente no estamos conformes, que sinceramente queremos abandonar, si al señalárnoslo como inapropiado estamos actuando desde la autocrítica que nada resuelve? Más precisamente, ¿qué hacer con el crítico que llevamos dentro si al cuestionarlo o criticarlo en realidad le estamos dando el control y lo fortalecemos? La respuesta a esta pregunta me pareció desconcertante e inesperada.
No parece ser la solución lógica de este problema. Pero por ser la respuesta correcta, ciertamente también está respaldada por la lógica. Veamos: esta parte crítica (o autocrítica) de la personalidad, la que, disfrazada de saludable perfeccionismo, sólo provoca dolor al calificar de insuficientes todos nuestros esfuerzos y resultados ya que, “lógicamente”, siempre podrían haber sido superiores o mayores o mejores, esa parte crítica está herida. Se trata de una parte lastimada, triste y enojada, precisamente porque se formó de la crítica recibida por el niño que fuimos.
Y es legítimo e inevitable que un niño así lastimado por adultos, se sienta dolido, triste y enojado. Y es comprensible que se exprese con el lenguaje y con los códigos aprendidos de la crítica sin amor.
Y un niño así lastimado, que no recibió el sano estímulo del amor y la aceptación incondicionales, no merece de nuestra parte nuevas críticas y maltratos para “corregirlo”, sino que le corresponde (y lo reclama, a su manera) que simplemente lo aceptemos y que lo amemos. El amor es lo único que puede devolverle (¡que puede devolvernos!) la paz, el equilibrio y la alegría. El amor es lo único que puede sanarnos… Y esta conclusión no sólo vale en nuestro interior.
Cuando finalmente entendemos esta situación que tiene lugar dentro nuestro, cuando comprendemos que la única respuesta eficaz contra la propia crítica o la autoagresión es el amor hacia nosotros mismos (especialmente hacia nuestra parte crítica), inmediatamente apreciamos el alcance universal de esta conclusión.
Comenzamos a comprender cuál es la verdadera condición del “agresor”: alguien que en realidad se castiga a sí mismo, alguien que necesita con urgencia darse y recibir su propio amor, alguien que es incapaz de dar amor a los demás y de recibirlo porque recrea o proyecta en ellos su propio drama interno, y, finalmente, alguien como nosotros, que sólo necesita amor para sanar… Axel Piskulic

Comentarios: ezamora@diariodelistmo. com

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