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Coatzacoalcos, Ver.: Tesoros Interiores / Agencia
La mente de un gran ser está libre de deseos mundanos. No quiere nada.Por eso ha dejado de vivir sólo para sí mismo.

Laura Robles Barajas
Coatzacoalcos, Ver. / 2015-03-21

La mente de un gran ser está libre de deseos mundanos. No quiere nada. Por eso ha dejado de vivir sólo para sí mismo. Su único deseo es que los demás puedan también ser libres, que logren salir del sufrimiento y hallar la alegría. Cuando reconoces a una gran alma y su enseñanza te bendice, celebrar su vida es una experiencia arrebatadora, pues esas almas son tan raras como una planta en el desierto que florece sólo una vez cada cien años.

¿Y qué hay de la vida de quienes no han dejado que la gracia de Dios los transforme?

La mente que no ha sido purificada por el toque de Dios, la mente que sigue en la ignorancia es zarandeada como un barco sin timón, perdido en el mar. Cuando la mente no tiene una meta más elevada que obtener, tarde o temprano encuentra la vida tediosa e insípida. Se comporta como un homeless, o como un indigente, que vaga de un lugar a otro, juntando suciedad y alimentándose de cosas descompuestas, sin advertir jamás la belleza sencilla y sagrada de la creación. El sabio Vasishta dice: “Cuando la mente no tiene un propósito fijo y es inestable, sus cambios internos reflejan los altibajos del mundo exterior”.Muchas personas creen que cumplirán con la finalidad de su vida si consiguen lo que quieren. Si son capaces de satisfacer un deseo o completar un proyecto a tiempo, como estaba planeado su mente se tranquiliza, o eso creen. Mucha gente lleva esta idea al extremo de decir cosas como “Tengo todo lo que quiero ¿para qué necesito a Dios? ¿Quién es Dios? Estoy muy feliz con mi vida ¿Qué más puede hacer Dios por mí?
La gente hace eso todo el tiempo con su vida diaria, dice, “tengo que conseguir esto o lo otro… es mi voluntad” pero ¿qué quiere decir el sabio con propósito fijo? Indica la necesidad de fijar la mente en un propósito más elevado, en el amor de Dios. La mente de un gran ser ha ardido en el fuego de la práctica espiritual. Se ha entregado por completo a la voluntad de Dios. Por eso, está libre del egoísmo y del apego por la vida mundana. Es totalmente puro y reposa en el templo del corazón, donde el señor supremo habita en plenitud.

Por amor a la gente de esta tierra, las grandes almas toman formas y viven entre nosotros. Si logras vislumbrar, incluso un poco, cuanto amor tienen por la gente, por los animales, por los pájaros, tu corazón se llena de deleite. Un santo sufí devela su misión del maestro en este canto: Estás en las profundidades más bajas y en los cielos más altos, Y tú eres omnipresente.

Te has convertido en la fragancia Y en el matiz fulgurante de cada flor. Al mirar en el espejo, Me hallé frente a frente contigo. Dondequiera que mirara te veía a ti. Pero un secreto se me ha vuelto evidente. Que estoy en ti y tú vives en mi.

La sádhana de la alegría
Había una vez un doctor, un hombre muy instruido, con un gran anhelo por la verdad. Durante años había orado, pidiendo conocer a un gran maestro, a un sadguru. Una tarde al arrodillarse para orar, una voz interior le dijo que se pusiera de pie y saliera rápidamente, o perdería al que estaba buscando. El doctor salió casi corriendo de su casa pero la única persona que había a la vista era un mendigo con andrajos y zapatos gastados. Al acercársele, el doctor vio que el hombre tenía ojos de fuego. Quedó algo confundido y casi con timidez dijo:

Buen día
Nunca he tenido un día malo – contestó el mendigo.

Que Dios te conceda buena fortuna
– dijo el doctor.

Y el mendigo contestó:
Nunca he tenido otra cosa.

Entonces, que el cielo te bendiga.
-Estoy muy bendecido – añadió el mendigo.

¿Quién eres pues?
Un rey

¿Un rey de qué?
Mi reino es mi alma, y todo lo que soy, cuerpo o ser, le rinde homenaje, pues ese reino es mayor que cualquiera en la tierra.

El doctor le preguntó:
¿Cómo alcanzaste ese estado de perfección?

Silencié mis cinco sentidos y miré dentro. No podía encontrar descanso sin Dios y por eso él se me reveló. Ahora le pertenezco y él me pertenece.

¿Hay algún reino que pueda compararse con el mío? La alegría profunda y duradera tiene otro nombre: contentamiento.

Cuando esté contento se asienta en tu corazón comienzas a ver el universo entero desde una perspectiva sublime. Por eso cada vez, cada vez que experimentes así sea una gota de contentamiento, retenla, establécete en ese sentimiento, en esa sensación. Enfoca tu atención entera en ella tanto como sea posible, de modo que pueda hundir sus raíces más hondo en tu conciencia. El contento es la señal y el símbolo de la verdadera felicidad, de la verdadera alegría. No tiene nada que ver con la complacencia. Es muy importante entender esta distinción.Mucha gente entiende mal el contentamiento; lo toman por indolencia, complacencia, una especie de satisfacción perezosa.El contento genuino no implica inactividad. Lejos de eso, sigues actuando; pero en medio de tu actividad te permites volverte conciente de un estado de bienestar.En el gran diluvio de gozo, surgen olas que no son sino gozo también, pues gozo es la naturaleza de cada partícula de este cuerpo de gozo. Ese es mi estado. ¿Cómo describir este estado con palabras?

El deleite interno me absorbe tan plenamente. Que no puedo imaginarme la felicidad en el mundo exterior, con los sentidos.Así como un niño, en el vientre de su madre,tiene apetitos que en la madre se reflejan y se vuelven los deseos de ella, así también, dice Tukaram, ese gozo se refleja por todo mi ser, y cuanto sale de mi boca es una expresión de esa experiencia de gozo.

La sádhana de la paz
La paz es espontánea. La paz es la gracia de la creación, el amor de Dios, los méritos de la acción correcta, incluso en un momento de entendimiento correcto puedes con facilidad producir la paz Cuando la niebla que suele distorsionar tu percepción se dispersa y ves tu propio ser con claridad, aunque solo sea por un instante, sientes que la paz más exquisita surge dentro de ti. Por eso podemos decir: si las personas solo miraran hacia adentro, si sólo entendieran lo que es la gracia, de seguro experimentarían que la fatiga de la vida se disuelve. Poco a poco se irán afianzando en un estado interior muy natural, un estado sereno, flexible, abierto a la voluntad de Dios y ebrio del elixir del corazón.


¿Qué es este mundo? ¿Es néctar?
¿O es veneno?

En un lugar oyes música y canto; En otro sollozos y lamentos.
A veces puedes escuchar a los letrados dando discursos; Otras tus oídos se aturden Por pleitos de borrachos. Unas veces te deleitas en todos los Placeres Que el mundo ofrece; Otras, lo único que sientes es tu cuerpo. Deshaciéndose, cubierto de llagas. ¿Qué es este mundo? ¿Es néctar o es veneno?


La sádhana del amor
En su autobiografía espiritual, “El juego de la conciencia”, el Gurú Baba

Muktananda escribió: “La sádhana del amor es una sádhana muy elevada.

Al amor también se la llama bhakti, devoción. El amor es un latido del corazón, dinámico y que nos inspira. El amor es la naturaleza misma de Dios, a quien los autores de la escritura jan llamado el gozo supremo y satchidananda. Existe una plenitud dentro del ser humano. Aunque no lo experimente, de todas maneras está allí”

Cuando un ciego oye a los demás hablar sobre la luz, podría decir: “No hay luz. Nunca la he visto. No sé nada de ella” sin embargo la luz existe solo que él no ve. De manera similar el amor existe, se experimente o no. Si no has seguido el sendero del amor, si no has intentado encontrarlo, ¿Cómo puede alcanzarse?

“El amor es una visión fugaz de la cueva interior secreta. El amor que vive dentro fluye hacia fuera por los distintos órganos sensoriales.

Cuando fluye a los ojos, vuelve bellas las formas; cuando fluye a los oídos, hace que los sonidos sean melodiosos; cuando sube a la lengua, vuelve el sabor dulce y placentero”.

Nos hemos reunido una vez más para beber el elixir del amor divino. Amor nectáreo. Amor supremo. Amor incondicional. El amor es el imán que atrae la atención de Dios.

Una de las definiciones que da el diccionario resulta de interés para nosotros esta noche. El diccionario dice que el amor es “la benevolencia que se atribuye a Dios, a semejanza del afecto de un padre por sus hijos”.

También señala que el amor es “La adoración del hombre a Dios por gratitud o devoción”.

El amor es una palabra clave en todas las lenguas. Pero también es cierto que clamor llega en muchas formas. El amor tiene gran diversidad de matices, colores ramas y ramificaciones.



En este mundo, clamor se extiende desde el nacimiento hasta la muerte, como una cadena de montañas. Algunas están cerca; otras, lejos. Su sola variedad cautiva la imaginación.

La mayoría de las personas pasan la vida errando por esas montañas, por esos senderos del amor. Suben y bajan, entran y salen, se elevan y descienden.

Cada montaña se ve diferente de las demás ¿No es cierto? Ah, curioso y fascinante. El amor de una madre, el amor romántico, el amor platónico. ¿No hechiza el amor? ¡Que vista! ¿No nos invita? Es tan atractivo – y tan gratificante- que no lo puedes resistir. El amor al trabajo, el amor a la comida, al amor al peligro. ¡Ah, es muy emocionante, muy excitante! El amor es abrumador, ¿no es verdad?

La manera como la gente ama a sus mascotas, la manera como ama sus coches ¡Cómo ama sus computadoras! En lo que sea allí está el amor.

¿Eso es todo? ¿No hay más en el amor? En realidad, no.
Hay otra clase de amor, posesión exclusiva de quienes buscan a Dios. Es amor solo a Dios. No tiene caídas ni fluctuaciones. Tampoco es voluble. Su naturaleza misma es la constancia, y nunca se marchita, porque su fuente es siempre nueva. Toma la escoba del amor Y barre de tu corazón la basura de la dualidad.

Sacude el polvo del lugar donde rindes culto. Siempre come y bebe de este amor; nunca, nunca lo descuides. Paséate por tu propia embriaguez interior.

Nunca huyas del fuego que consume tu ego. No te conviertas en sacerdote musulmán ni en sacerdote brahím. Deja de adorar la dualidad. Este es el mandato del emperador de todo: Declara constantemente: “¡Yo soy Dios!” Mansur Mastana dice: lo he reconocido a él, Lo he visto en mi propio corazón. Ésta es la taberna de los seres extáticos. Que sea éste el centro de todos tus movimientos.

Ahora, cualquier cosa que hagas, hazla con amor. Al surgir un pensamiento en tu mente, considera: ¿Hay amor en él? Cuando estés a punto de pronunciar una palabra, detente y verifica: ¿Hay amor en ella? Sin importar por lo que atravieses en tu vida, sea gran sufrimiento o dicha suprema, pregúntate: ¿Anhela a Dios mi corazón? ¿Está mi corazón anegado en el amor de Dios?, ¿Dónde estoy en mi relación con Dios?

Recuerda: Donde quiera que estés está Dios. Todos vivimos en el corazón de Dios. La sádhana del amor. Con gran respeto, con gran amor, les doy la bienvenida con todo mi corazón.

¡Sadgurunat Maharaj Ki Jaya!

Pensamiento del día
“El amor no conoce distinciones. Todo corazón arde con luz divina. Todo corazón tiembla de amor divino. Aún si alguien ignora su propio anhelo, cada ser humano siempre se empeña en la búsqueda de la felicidad perdurable, de la paz profunda y del amor sin condiciones.

Después de buscar interminablemente en las cosas transitorias de este mundo algo que produzca esos estados de ser, cada persona tendrá al final que volverse y mirar hacia adentro. Ésta es la verdad, sin ninguna duda. Toda bondad mana del interior. Todos los tesoros y los milagros de Dios están ocultos dentro del corazón de todo lo que vive”

Comentarios: miespacioalternativo@gmail.com

Edición Impresa
Espacio Alternativo 2017-04-22

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