Vida y Sociedad ¡Querido Padre!
Coatzacoalcos, Ver.: Eduardo Sánchez, rodeado del amor de Emilio y Eduardo. / Diario del Istmo
Querido Padre, hoy que me encuentro lejos de casa, y la nostalgia invade mi corazón, no puedo impedir que mi rostro se bañe con mis lágrimas.

Diario del Istmo
Coatzacoalcos, Ver. / 2017-06-17

Querido Padre, hoy que me encuentro lejos de casa, y la nostalgia invade mi corazón, no puedo impedir que mi rostro se bañe con mis lágrimas.

Tu presencia se hace cada día más real en mi vida. Ya no eres un simple recuerdo nada más. Todos estos años lejos de ti, me hicieron comprender que la distancia no aleja, sino que nos acerca cada día como si estuviéramos juntos cada momento, como en cada respirar.

Querido Padre, tu presencia es tan real, que todo me habla de ti. Me habla de ti este grande y anchuroso mar, en el carácter fuerte de sus olas, que rompen a la orilla de las rocas una y mil veces, y se vuelven a calmar. Carácter fuerte, como el de mi padre, que desde niño fue formándome en un varón esforzado y valiente, para las luchas de la vida ganar.
Me habla de ti, el murmullo del viento, que viene a mi oído tranquilo y pasivo. Ese tono suave como aquellas palabras que alentaron mi vida cuando todo estaba ya perdido. Me hablan de ti, las aves del cielo que en libertad vuelan en el gran firmamento. Es esa libertad de la que un día me hablaste, al escoger el camino que marcó la senda de mi felicidad.

¡Ah! Querido Padre, cuanto te amo. En este silencio que envuelve todos mis sentidos, recuerdo los buenos consejos, que como diamantes y piedras preciosas, los llevo conmigo. Recuerdo me aconsejabas amar la vida así como se nos presentaba. Que los momentos alegres y felices nos dejaban grandes enseñanzas. Me hablaste que un hombre ante todo debe guardar su honor, esa es la esencia que Dios le regaló.

Sí, me aconsejaste con palabras, pero también en la obra de tu vida cotidiana. Así, la dignidad y la verdad te coronaban. La prudencia y la sabiduría te calzaban. La rectitud y fidelidad te arropaban. La fe y la esperanza te honraban. Querido Padre, fuiste un gran maestro, lo digo con mucho respeto. Un gran amigo y consejero. Como la medicina al cuerpo y el ungüento a los huesos. Tu legado soy yo, cargado de sabiduría, responsabilidad es la mía, transmitirla a mis hijos y a toda mi generación.
Querido Padre, cuando el Señor te llame a su habitación, en sus manos seguro, habrá un galardón, que será para ti, como prueba de su gran amor, por haberlo honrado en tu generación. Pero no te olvides, Querido Padre, pedirle un favor a Dios, que llene a este tu hijo con su gran bendición, porque como estuvo contigo, así quiero estar yo.

Con amor para todos los papitos.¡Feliz dia del Padre!


Edición Impresa
Vida y Sociedad 2017-12-13

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