Por Vicente Bello
Columna: Tren parlamentario
Cuando se calienta el debate
2013-01-09 | 22:10:50
El 29 de noviembre de 2012, a un día de que entregase la Presidencia de la República, Felipe Calderón Hinojosa modificó mediante un decreto el Reglamento del Estado Mayor Presidencial. Una línea de fuego agregó: “Se extiende la protección del Estado Mayor Presidencial para el ex presidente y sus familiares”. Ayer, en los territorios del Congreso de la Unión, la oposición de la izquierda más recalcitrante intentó apagarla, sin lograrlo; aunque sí consiguió prender una flama muy ardiente en el debate parlamentario.

Flamígero, desde lo alto de la tribuna de la Comisión Permanente el diputado federal Ricardo Monreal soltó: “Y le pregunto al pueblo de México: ¿de qué privilegio goza alguien que le falló al país, que se robó la Presidencia y que fue un espurio? ¿Por qué tiene el país, el erario y los ciudadanos, que contribuir económicamente para sostener la seguridad de las familias de los ex presidentes?”

Y apostillaba el zacatecano: “¿No les parece un exceso, que aparte de sus corruptelas, de sus traiciones, de haber vivido como sátrapa, todavía tengamos que pagarles a sus familias por generaciones del erario público?”

El día anterior, martes, la Segunda Comisión de la Permanente había dictaminado el Punto de Acuerdo en sentido reprobatorio. Pero tenía que ser presentado como tal este miércoles. Y aprovechó Monreal para debatir, con el argumento de que el reglamento de marras no tiene especificado “hasta qué grado o hasta qué nivel” se protegerá el Estado Mayor Presidencial a familiares de ex presidentes.

Golpe al plexo, el de Monreal. Pero también le respondieron con un feroz gancho al hígado. El senador del PAN Francisco Domínguez Servién le restregó: “Sorprende el diputado Monreal (con) venir aquí a lavarse las manos, cuando en su familia lo único que existe es nepotismo puro”.

Y le remachaba otra vez: “Si se acuerda usted, en la LVIII Legislatura fui compañero de su hermana Susana Monreal, diputada federal mientras usted era senador de la República. Y ahora ella es senadora y usted es diputado. Hay que seguir viviendo del erario público… se hace usted diputado plurinominal y, para colmo, su hermano (es) senador”.

Era la Comisión Permanente la que sesionaba. Y se comenzaban a calentar. Francisco Domínguez Servién siguió: “Esto aquí y en todo el mundo se llama nepotismo puro. ¿O acaso su partido es un negocio familiar?, pregunto, señor diputado (Monreal). Y déjeme terminar; no se vaya a morder la lengua otra vez. Para terminar díganos aquí si cuando fue gobernador de Zacatecas no digo si un policía, un guardaespaldas por lo menos siempre estuvo atrás o adelante o al lado de usted”.

Monreal, ardidísimo, pedía tribuna. Nadie en lo que va de la LXII Legislatura le había saeteado el lomo con el rigor con que él suele chicotear a sus adversarios políticos. Y todavía no concluía Domínguez Servién: “Y si tanto le preocupa el derramamiento de sangre en el conteo que usted y otros políticos le hicieron al presidente Calderón, yo no he visto que usted aquí o en el Senado propusiera un plan para atacar la violencia enorme de muertes que hay en el estado de Zacatecas. (Tampoco) nunca hemos oído de usted una propuesta para acabar con el crimen organizado en su estado”.

Más directa la flecha no se podía. Pero así le fue también a Domínguez Servién, cuando el enchiladísimo Monreal le contestó: “No sólo hay torpeza en la derecha, hay una profunda ignorancia, y estos tipos pusilánimes creen que (con) venir a defender lo indefendible, atacándome, les van a aplaudir. No, senador, mire usted: nepotismo, pregunte a la hermana de Calderón y a la sobrina de Calderón y a Adolfo Vicencio y a Abel Vicencio, que por cierto eran muy buenos parlamentarios. Y le voy a decir una cosa: mis hermanos todos han sido electos por mayoría; nunca han estado en cargos de representación proporcional. La gente los…”

Terció el no menos acalorado diputado panista Fernando Rodríguez Doval, quien a Monreal dijo: “le pido que se conduzca con respeto. Somos pares y usted no tiene por qué llamarle ‘tipo pusilánime’ a alguien que también es legislador igual que usted. Puede argumentar lo que quiera; pero con respeto, por favor”.

Monreal, desde la tribuna, respondió: “Aguante. Aguante. No me retracto. Son unos pusilánimes, mentirosos y torpes”. Y apostillaba: “Centremos el argumento: Calderón abusó de su autoridad, modificó el Reglamento y protegió a su familia por generaciones (…) Y si la seguridad de Zacatecas está en los términos que está ese no es mi problema. Yo salí hace nueve años de gobernador. No me quiera culpar de que yo soy el responsable de lo que pasa en Zacatecas”.

Fernando Rodríguez Doval atajaba otra vez a Monreal: “Todos somos pares y por tanto todos merecemos respeto, y usted aquí no se ha conducido con respeto”. Y le apostillaba: “Y déjeme decirle que, finalmente, los insultos, las descalificaciones no agravian a quien las recibe, describen a quien las profiere, diputado Monreal. Aquí que pues ojalá sea más responsable de lo que viene a decir en estas tribunas, porque simple y sencillamente lo está describiendo de cuerpo entero”.

Fue entonces cuando a Monreal le recordó Rodríguez los tiempos en que fue él parte de aquellos “sátrapas parlamentarios de la LVII Legislatura”, en alusión a la bancada del PRI, que no quería que se instalara una mayoría opositora. “Usted era parte de esa bancada y ahora viene a darse golpes de pecho y a envolverse en la bandera de la democracia”. O ¿cómo olvidar –siguió Rodríguez- la vez que usted votó a favor de la elección de Carlos Salinas, siendo diputado federal de la LIV Legislatura? Y luego viene aquí a decir que Felipe Calderón se robó la Presidencia, algo que además es completamente falso”.

Siguieron diciéndose cosas a través de sus irreconciliables discursos. El zorruno PRI, agazapado, observaba solamente.
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