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Laura Robles Barajas / Coatzacoalcos, Ver. / 07 de Septiembre del 2012
Neuroplasticidad
La neuroplasticidad, también denominada plasticidad neuronal, o plasticidad sináptica, es una característica esencial del sistema nervioso. Consiste en la capacidad para modificar de manera temporal o permanente los patrones de conexión sináptica para modificar sus rutas de interconexión entre las neuronas.
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   Coatzacoalcos, Ver. - .- Laura Robles Barajas
El término neuroplasticidad hace referencia a la habilidad que tiene el cerebro, (descubierta de manera reciente) para cambiar su estructura y función, en particular expandiendo o fortaleciendo circuitos que son utilizados y por aumentar o disminuir aquellos que están involucrados en el proceso. La ciencia de la neuroplasticidad ha documentado los cambios cerebrales que reflejan una experiencia física y el input del mundo exterior. Los pianistas que tocan muchos arpeggios, por ejemplo, las regiones del cerebro que controlan el dedo índice y dedo medio se fusionan, aparentemente porque cuando un dedo presiona una tecla en uno de esos movimientos de fast-tempo, el otro casi lo hace simultáneamente, forzando al cerebro a pensar que los dedos son uno. Como resultado de las regiones cerebrales fusionadas, el pianista no puede mover esos dedos de manera independiente uno de otro. Últimamente, sin embargo, los científicos han comenzado a preguntarse si el cerebro, puede cambiar en respuesta a las señales puramente mentales internas. Es en este punto que los Budistas entran en escena. Su tradición por siglos de meditación ofrecen un experimento real, en el poder de estos mover, pensamientos y alterar la materia física del cerebro. El resultado fueron las imágenes escaneadas que proyectaron en Dharamsala. Ellos compararon la actividad cerebral de los voluntarios que eran meditadores novicios con los monjes Budistas quienes habían pasado más de 10000 horas meditando. La tarea fue practicar meditar “compasión” generando un sentimiento de amor hacia todos los seres humanos. “Tratamos de generar un estado mental en el que la compasión permea toda la mente sin ningún otro pensamiento,” dijo Matthieu Ricard, un monje Budista del Shechen Monastery en Katmandu, Nepal, que tiene un doctorado en genética. Al comparar la diferencia entre novicios y monjes, estos últimos mostraron un incremento dramático en la actividad cerebral de alta frecuencia, llamada ondas gamma durante la meditación. Se piensa que este sea la firma de la actividad neuronal que une a los circuitos cerebrales con las ondas gamas que subyacen en una elevada actividad mental tal como la conciencia. Los meditadores novatos “mostraron un mínimo incremento en la actividad gamma, pero la mayoría de los monjes mostraron un extraordinario incremento en dicha actividad, lo que jamás había sido reportado en la literatura neurocientífica,” sugiriendo que el entrenamiento mental puede conducir al cerebro a un nivel muy elevado de conciencia. Utilizando el scan cerebrall llamado “functional magnetic resonance imaging” [algo así como imágenes de resonancia magnética funcionales], los científicos ubicaron regiones que estaban activas durante la meditación de la compasión. La mayor actividad fue en el cortex prefrontal izquierdo (el asiento de emociones positivas tales como felicidad), una actividad inundada en el prefrontal derecho (sitio de las emociones negativas y ansiedad) algo nunca visto desde una actividad puramente mental. De la misma forma, al observar una región específica del cerebro, que se activa ante la visión de una escena de sufrimiento, se registró mayor actividad en los monjes. Lo mismo se observó en regiones responsables de movimientos voluntarios, como si los cerebros de los monjes estuvieran ansiosos por ayudar a aquellos en intenso sufrimiento. “Se siente como una imperiosa necesidad de actuar” Esto abre la posibilidad tantalizante que el cerebro, así como el resto del cuerpo, puede ser alterado de manera intencional. Así como los aeróbicos esculpen los músculos, así el entrenamiento mental esculpen la materia gris de manera que ahora los científicos solo comienzan a avisionar a cada nuevo concepto introducido en nuestro mapa conceptual, ya sea por aprendizaje cognitivo o emocional, nuestras neuronas realizan un impulso electromagnético, produciendo una sinapsis nueva. El conocimiento antiguo es reemplazado totalmente por una nueva “representación” conceptual. Y así sucesivamente. Quizá mientras escribía estas palabras mi cerebro plástico haya cambiado la dimensión de mi visión del mundo. Escaneo cerebral en monjes muestra que la meditación altera el funcionamiento estructural) se evidencia una vez más, que el entrenamiento mental conlleva grandes beneficios, tanto a nivel emocional y psicológico como fisiológico, el cual ya es comprobable científicamente gracias a los avances tecnológicos en el campo de las neurociencias. En una reunión con del Dalai Lama con científicos, de un lado se sentaron cinco neurocientíficos unidos por la creencia que los procesos físicos en el cerebro pueden explicar todas las maravillas de la mente, sin apelar hacia algo espiritual o no-físico. No era, en otras palabras, la típica reunión científica. Sin embargo, los budistas y los científicos que se reunieron por cinco días en Dharamsala, India, tenían diferentes visiones en cuanto a los postulados sobre la reencarnación y la relación entre la mente y el cerebro, pero las dejaron de lado con el interés de una meta común. Se habían reunido bajo las sombras de los Himalayas para debatir uno de los temas más candentes de la actualidad en cuanto a la ciencia del cerebro: la neuroplasticidad. En su corta historia, la ciencia de la neuroplasticidad ha documentado, sobre todo, cambios en el cerebro que reflejan experiencias físicas e información que recibimos del mundo exterior. “De todos los conceptos modernos de la neurociencia, la neuroplasticidad es la que tiene mayor potencial para una interacción significativa con el Budismo” dice el neurocientífico Richard Davison de la Universidad de Wisconsin, Madison. El Dalai Lama coincidió, y ha incentivado a monjes a donar (temporalmente) sus cerebros a la ciencia. “No podemos descartar la posibilidad de que había una diferencia pre-existente en el funcionamiento del cerebro, entre monjes y novatos,” dijo el Prof. Davidson, “pero el hecho de que monjes con más horas de meditación mostraran mayores cambios cerebrales, nos da la confianza de que los cambios son producidos por el entrenamiento mental.” Marco Antonio Karam Las últimas investigaciones científicas demuestran que la actividad mental modifica el cerebro, y nos conduce a lo que conocemos por “sabiduría” Durante muchos años se creyó, que a partir de cierta edad, la dotación de neuronas ya no se renovaba más… Las últimas investigaciones de la neurociencia demuestran que el cerebro se puede regenerar mediante su uso y potenciación…En marzo del 2000, investigadores de la universidad de Londres hallaron que los taxistas de esa ciudad tenían una parte del cerebro, el hipocampo, región importante para la memoria espacial, más desarrollado que el resto de las personas. Los taxistas desarrollaban más esa zona porque la ejercitaban más cada día memorizando calles y rutas. • Los seres humanos podemos crear nuevas neuronas a lo largo de toda la vida. • El esfuerzo para crear nuevas neuronas puede incrementarse mediante el esfuerzo mental. • Los efectos son específicos: dependiendo de la naturaleza de la actividad mental, las neuronas nuevas se multiplican con especial intensidad en distintas zonas cerebrales. Las nuevas neuronas van a parar a las zonas del cerebro que más usamos: esto es lo que se denomina “neuroplasticidad”: la actividad puede moldear la mente. “Esto demuestra la importancia de mantener una actividad mental intensa, conforme avanzamos en edad.” “El ejercicio físico nos protege la salud cardiovascular, El ejercicio cognitivo nos protege la salud cerebral, es factor protector contra la demencia”. El moderno estudio de la neuroplasticidad demuestra que los cerebros de las personas mayores no degeneran, sino que tienen una evolución particular, de acuerdo a la actividad realizada, que convierte a esas personas en gente “sabia” cuando llega a la vejez” “El cerebro cambia de forma según las áreas que más utilizamos” en las personas, a medida que avanzan en edad, se da naturalmente un deterioro mayor en el hemisferio derecho que en el izquierdo. Esto ocurre porque usan más el hemisferio izquierdo, que es el encargado de poner en marcha tareas ya aprendidas y consolidadas. Para aprender algo, necesitamos más el hemisferio derecho, pero cuando alcanzamos cierto nivel de pericia, esas actividades pasan a ser controladas por el hemisferio izquierdo. A lo largo de la vida, acumulamos un repertorio de destrezas cognitivas, habilidades y capacidad para reconocer patrones que nos permiten abordar nuevas situaciones con familiaridad. Es lo que popularmente llamamos “experiencia” a medida que avanzamos en edad, nuestra actividad mental está más dominada por esas “rutinas cognitivas”, por el “piloto automático”. Esto no es malo, pues permite resolver problemas complejos mediante el “reconocimiento instantáneo” de patrones, sin mucho esfuerzo, problemas que pueden plantear un verdadero “reto” para una mente más joven. Pero, la estimulación cognitiva, que obliga a utilizar el hemisferio derecho, es un ingrediente en el estilo de vida, que ayuda a evitar el deterioro cognitivo. La corriente científica dominante respalda la afirmación, de que la vida mental intensa desempeña un papel esencial en el bienestar cognitivo en las etapas avanzadas de la vida. ¿qué tal la idea de incluir el ejercicio cognitivo en forma regular como un rasgo en nuestro estilo de vida?.

Comentarios y sugerencias: erikazamoraj@hotmail.com


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