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El precio de la paz rusa en Siria

Siria | 2019-10-23 | Staff Imagen del Golfo
El precio de la paz rusa en Siria
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Rusia se ha ocupado oportunamente de desempolvar el protocolo de Adana e incorporarlo al acuerdo de Sochi. La presencia de un millar de militares estadounidenses había impedido hasta ahora una intervención armada de Turquía en Siria para cumplir el sueño de Erdogan de establecer una zona tapón de seguridad frente a las milicias kurdas a lo largo de toda la frontera. Pero la realidad no suele coincidir con las ensoñaciones. Ankara solo mantendrá el control de una franja fronteriza de 120 kilómetros comprendida entre Tel Abyad y Ras el Ain, en un área central que no contaba con mayoría de población originaria kurda, donde se ha concentrado la operación militar denominada Fuente de la Paz.

 

 

 

Las fuerzas de Damasco regresarán a los puestos aduaneros junto con la policía militar rusa, mientras patrullas conjuntas ruso-turcas supervisarán una franja fronteriza limitada a 10 kilómetros de anchura en la llamada “zona segura”. Ankara se ve privada, además, de acceso a estratégicas ciudades como Mambij, Kobane y, en particular, Qamishli, capital regional que las YPG y el Ejército sirio han compartido con discreción durante la mayor parte de la guerra.

 

Los contactos entre los responsables kurdos y los del Gobierno de Damasco, renovados la semana pasada ante la irrupción de las tropas turcas, no han cesado a lo largo del conflicto. Durante los más de seis meses de batalla por el control del Alepo oriental rebelde en 2016, los kurdos mantuvieron el control de uno de los distritos en el sector gubernamental.

 

 

 

El coste humano de la estabilidad

 

La pretendida estabilidad también ha tenido un coste humano. La ofensiva kurda de las últimas dos semanas, focalizada entre Ras el Ain y Tel Abyad, se ha saldado con más de 200.000 desplazados y 120 civiles muertos, así como 500 bajas mortales entre las fuerzas en liza. Durante los dos meses que duró la invasión turca del cantón kurdo occidental de Afrin, a comienzos de 2018, 200.000 kurdos fueron también expulsados y 190 civiles perdieron la vida, así como dos millares de combatientes.

 

La pérdida de Afrin y la limpieza étnica de un distrito tradicionalmente kurdo, así como del sector de la frontera de un centenar de kilómetros que llega desde su extremo en el oeste hasta el río Éufrates, ha sido el mayor revés sufrido hasta el momento por las YPG. Ankara buscaba en Afrin la continuidad territorial para garantizar su presencia en Idlib, la provincia noroccidental cercada por la tropas sirias y rusas, último feudo de la rebelión suní a la que Turquía ha sostenido desde el inicio del conflicto.

 

 

 

 

 

 

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